Me gustaba de pequeño viajar en metro. No había aire acondicionado y las ventanillas abiertas metían el aire del tunel y el ruido de las ruedas. Eran aquellos trenes viejos que tenían un hueco para el revisor o algo así, donde a mi hermano y a mi nos encantaba andar haciendo el mono.

Un día, me dijeron que mirara por la ventanilla pasada la parada de Iglesia y durante unos segundos vi una parada de metro abandonada. Si agudizabas bien la vista, entre la suciedad y con la luz tenue que proyectaba el convoy de metro al pasar se podía descubrir aquellos anuncios antiguos, aquellas paredes de cerámica…

Hoy esa estación ha sido reabierta, pásate (es gratis) y descubre la historia del Metro de Madrid.

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