Estoy completamente a favor de la medicina natural, la que investigaron brujas y chamanes. Mucha de la medicina moderna se basa en los remedios naturales que se usaban antaño, pero de los que se ha podido destilar el principio activo y reducir o eliminar los efectos secundario; además de eliminar todo halo mágico (energías, dioses y demás).

Las brujas (y los chamanes y muchos otros elementos similares en las sociedades antiguas) experimentaban con los elementos de la naturaleza buscando soluciones. Eran los científicos y los médicos de la antiguedad, aunque vestidos con un halo mágico. Tenían muy poco de “método científico”, pero iban probando, se pasaban recetas y curaban gente basándose en recursos de la naturaleza y en sus conocimientos.

En el pasado, un ataque epiléptico era confundido con una posesión; las epidemias de peste eran castigos de los dioses… entonces la brujería trabajaba con sus productos medicinales, aunque mezclándolo con explicaciones “mágicas”. Poco a poco la ciencia ha ido tapando estos agujeros de ignorancia y ahora es capaz de explicar bastante, o por lo menos alejarlo de estas explicaciones basadas simplemtne en la ignorancia. A veces es más cómodo inventar una explicación que de verdad encontrar una respuesta a un porqué.

Las brujas fueron demonizadas por las religiones, principalmente por la católica, ya que cambiaban las reglas de juego, el poder no estaba en los dioses, sino en las personas que eran capaces de curar sus enfermedades, ya que eran algo más terrenal. Aunque bien es cierto, que muchos casos se cruzaba la línea entre principio curativo y parafernalia mágica, al final lo que curaba, como ha demostrado la ciencia, era la medicina natural aplicada.

De ahí hemos aprendido el principio calmante de muchas plantas o antiséptico de otras, o incluso el poder de las drogas que hacían “volar” a las brujas.

La homeopatía no es medicina natural

Por cierto, la homeopatía no es medicina natural. Es la suma de un principio sin base (“lo igual cura lo igual”) con un principio absurdo (“la dilución aumenta su fuerza”). Con “lo igual” se refieren a elementos que hagan un daño similar. Por mucho que se utilicen plantas como base para ese “similar”, no hay principio activo en muchas de esas plantas para el resultado buscado y en todo caso provocarían el contrario, empeorar la enfermedad o dolencia. Pero tranquilos, están diluidas. Tan diluidas que es dificilísimo encontrar restos de la planta original en la solución homeopática final.



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